viernes, 10 de febrero de 2017

Nico

El trágico fin de año 2004 se llevó casi doscientos sueños y proyectos durante un recital de rock en un local nocturno devenido en mortal trampa por la combinación de desidia, negligencia, irresponsabilidad y desprotección criminales. Uno de ellos los encarnaba Nicolás Carlos Landoni, quien perdió la vida esa noche. El profundo dolor se convierte en este texto en un homenaje a este joven, que era flamante periodista deportivo, simpatizante de Platense de esos que están presentes en todas las canchas, a pesar de que se trasladaba en silla de ruedas, y coautor del libro A pesar de los años. Llegó Platense, aparecido poco tiempo atrás. La comisión directiva del Club Atlético Platense, en un comunicado oficial, lamentó “la desaparición física de quien fue en vida el más grande hincha de la institución”.

Por Diego Zelonka (Buenos Aires, Argentina), socio del CIHF.


El festejo por mi cumpleaños ya estaba llegando a su fin. De los que habíamos ido a comer afuera, ya quedábamos solamente cuatro. Cuando salimos del restaurante, decidimos ir a un café en Corrientes y Ángel Gallardo, donde finalizaría nuestro recorrido. Empezamos a caminar por la avenida Scalabrini Ortiz. Pasamos por un quiosco y vimos la imagen de un televisor con la clásica pantalla roja de CrónicaTV: “Incendio en Once”. Seguimos caminando y, confieso, mucha bolilla no le dimos. Había algo que nos tenía más atraídos, y era mi cumpleaños.

A medida que íbamos caminando, y sucesivamente viendo en diferentes lugares lo que estaba pasando, las prioridades fueron cambiando. Ya no sólo pasábamos frente a la pantalla, sino que nos deteníamos algunos segundos para escuchar lo que se decía.

La conversación en el trayecto hacia Aroma, nombre del café, incluyó la más diversa variedad de contenidos. Sobre el final del recorrido, lo “del incendio en Once” estaba en el listado de temas que se trataban.

Cuando llegamos al lugar, decidimos ir adentro y sentarnos frente a un televisor para ver lo que sucedía. Todavía no teníamos idea de dónde era, quiénes eran ni nada. Solamente sabíamos que había un incendio en Once. Al sentarnos, ya no hubo más palabras. Era todo dolor, tristeza, congoja, bronca, desolación, sufrimiento. Por ahí se escapaba algún comentario, pero con una voz entrecortada producto del nudo en la garganta que impedía que las palabras tuvieran el sonido natural que tienen.

Las imágenes se iban sucediendo una tras otra. Uno de los comentarios era si Marquitos había llegado a Once para buscar a su novia Griselda y partir rumbo a Córdoba a pasar las fiestas con la familia. Marquitos había estado con nosotros media hora antes y en ese momento se estaba encontrando con la peor tragedia de la historia en nuestro país. Vía celular pudimos saber que ya se habían ido de la zona y estaban yendo a Retiro, donde se subirían a un micro que los depositaría en la bellísima ciudad de Córdoba.

La primera cosa que nos tenía mal, ya había sido superada. Marquitos y Gri ya no estaban cerca del lugar. Pero ahora quedaba la otra. Era ver si había alguna cara conocida entre los miles de rostros que aparecían por televisión. O escuchar algún nombre en las interminables listas de heridos y fallecidos. Esto era algo factible ya que yo, como se dice vulgarmente, soy de ese palo. Mi círculo más cercano de amigos y conocidos tenemos ese gusto musical. El llamado rock nacional. Y, principalmente, el gusto por las bandas que están surgiendo. Por aquellas que con sus letras y su música nos representan. Callejeros era una de esas bandas. Podría nombrar una por una, pero no es el tema.

Mi cumpleaños había llegado a su fin porque el 30 le había dejado el lugar al 31. Éste era el peor fin de cumpleaños que había tenido en mi vida. Y se anunciaba como el peor fin de año de mi vida. Me sentía impotente de no poder hacer nada. De ver cómo un simple espectador todo lo que estaba ocurriendo en un lugar que transité varias veces. Ver la plaza Once de fondo me remitía a cuando espero el 71 que me va a depositar en la esquina de casa. Y eso me liquidaba.

La imagen que más me llamó la atención fue la de un pibe tirado contra un cordón. Pero me atrajo por algo en especial. Tenía collares con los colores de Platense y una chomba blanca con el escudo del club. No son muchos los hinchas que tiene el club de mi barrio. Lo acepto. Y todos se conocen con todos. Me quedó grabada la imagen de ese pibe que ya estaba fallecido y pensé: “Le voy a preguntar a Nacho si lo conoce”. Nacho es un amigo mío, fanático de Platense, que se conoce a todos los que conviven en el mundo calamar.

La peor noticia llegó el 31 en horas de la siesta. Mi abuela me dijo: “Me encontré con tu primo y me contó que un amigo de Nacho murió en el recital”. Me quedé helado. Internamente sabía que “ese amigo de Nacho” era el pibe que yo había visto por televisión. No dije nada hasta hablar con mi primo Juan Manuel o con Nacho. A las dos horas me vi con mi primo. Confirmado: el que murió, amigo de Nachín, era el que yo había visto por CrónicaTV. Que éste iba a ser el peor fin de año de mi vida ya estaba demostrado.

Cuando hablo por teléfono con Nacho me dice: “¿Sabés quién es el que falleció? Nico, el del libro”. Un silencio invadió la charla. Por enésima vez, las lágrimas eran parte del paisaje que rodeaba mi cara. “¿Cómo Nico?”, le pregunto. No podía ser. A Nico yo lo tenía en el msn. No lo conocía personalmente, pero había hablado con él miles de veces.

Nico era fanático de Platense. Lo conocía todo el mundo. Tenía una particularidad que lo hacía más grande aún: estaba en una silla de ruedas. Pero eso no le impedía su presencia donde “su” Platense estuviera. El día 20 de diciembre, exactamente diez días atrás, se había recibido de periodista deportivo.

Con Nico y con los otros pibes y pibas que estaban en Cromagnon nos une algo. No sé bien cómo definirlo. Es fútbol y rock. Son dos cosas en una sola. Ya no voy a volver a ver a ninguno de los pibes y pibas que murieron. Ya no los voy a ver en la cola para entrar a algún recital y jugando a adivinar con qué tema van a arrancar tocando. Menos aún me los voy a cruzar comprando la entrada.

Seguramente, de ahora en más, ya no va a ser lo mismo dentro de este pequeño mundo. Un mundo al cual pertenezco y estoy orgulloso de eso. Cada charla que salga va a estar empañada por la muerte de “estos colegas de la vida y colegas musicales”. Esto es algo que golpea a toda una nación. Pero es una puñalada a nuestro corazón. Al corazón del rock.

Nico ya no está. Las palabras están de más cuando pasa algo como lo que ocurrió en República Cromagnon. Seguramente se va a buscar a los culpables. Quizá se los encuentre. O no, como sucede siempre en este país. Sé que con Nico no voy a hablar nunca más. Que nunca lo voy a conocer personalmente. Que la firma de él va a faltar en el libro que por estos días me estaban autografiando los cuatro chicos de Llegó Platense: Pesca, Hernán, Wally y Nico.

El destino quiso que Nico se fuera viendo a su grupo predilecto y con la camiseta de su amor. Hoy él ya no está con nosotros. Seguramente desde el cielo va a sufrir y a alegrarse con su querido Calamar. Que va a hacer todo lo posible para que desde allá arriba le tiendan una mano al Marrón y vuelva rápido a Primera.

Nico es un ejemplo de vida para todos. De ahora en más, va a ser una estrella marrón en el cielo. Decirle que se quede tranquilo porque la bandera “El placer de sufrir” va a seguir estando en la cancha. Y, lo más importante de todo, que va a estar en el corazón de todos los que lo quisieron.

“Que no haya angustia en la muerte
que haya pensamiento en vida
si no existe la memoria
todo lo nuestro es suicida.”
Quemado - Los Piojos

Escrito en 2005.

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