martes, 7 de febrero de 2017

Un caso poco conocido

Un equipo que necesitaba ganar para aspirar al título y otro que no tenía nada que perder pero que podía arruinarle el campeonato a su archirrival. ¿Historia conocida? No tanto, esto sucedió en un partido de Tercera entre Racing y Boca. Hubo fraude y también hubo sanciones.
 

Por Rafael Saralegui (Buenos Aires, Argentina), antiguo socio del CIHF.

Ocurrió un 26 de noviembre un repudiable episodio antideportivo que fue presenciado por las 90.000 personas instaladas en las tribunas de River Plate y que, sin embargo, suele ser poco registrado en los anales de los hechos futbolísticos reñidos con la moral, la ética y la honradez producidos en el país.
El caso se caracterizó por otras singularidades: en la entrega de un equipo para que gane su rival no hubo dinero por medio ni estímulo material de ninguna naturaleza; el resultado del partido no fue arreglado por dirigente alguno, sino decidido unilateralmente por la mayoría de los integrantes del equipo y, además, se decidió en pleno partido.

Los hechos

Aquel día de 1944 se disputaba la última fecha del campeonato superior de la AFA y Boca Juniors, que encabezaba las posiciones con dos puntos de ventaja sobre River Plate, debía jugar como local frente al Racing Club en el estadio Monumental, puesto que su cancha había sido suspendida por incidentes ocurridos en el partido con Platense, disputado en Ferro Carril Oeste 15 días antes.
Boca sufrió durante el primer tiempo pero reaccionó en el segundo y se impuso inobjetablemente 3 a 0. Los muchos simpatizantes riverplatenses que había en las graderías –su equipo jugaba en Rosario frente a Newell’s y fue escasamente acompañado- no tuvieron más remedio que digerir sin crisparse la vuelta olímpica de sus eternos adversarios.

Pero a esos cariacontecidos hinchas millonarios, la tarde sofocante ya les había deparado otra contrariedad, que los enfureció sobremanera.

Por esos años, las reservas jugaban los jueves, en estadios generalmente vacíos, y las terceras divisiones lo hacían los domingos, antes del partido principal.

Antes de disputarse la última fecha, las terceras de River Plate –Alfredo Di Stéfano, Amadeo Carrizo y Néstor Rossi formaban parte del plantel- y Racing igualaban la primera colocación con 48 puntos, al cabo de campañas disímiles.

Los racinguistas encabezaban la tabla de posiciones desde la fecha inicial, nunca abandonaron esa posición y habían llegado a aventajar a los riverplatenses por cinco unidades. Un par de traspiés en las postrimerías del certamen permitió la reacción de los millonarios y el reñido final.

Hasta ese entonces, Racing había ganado un partido más y River había perdido un partido menos; los de Avellaneda habían conquistado 121 goles y los de Núñez, 90. En general, se estimaba que de los dos, Racing había acumulado mayores merecimientos a lo largo de todo el certamen.

Boca, que en el enfrentamiento de la rueda inicial había sido superado en Avellaneda por 3 a 1, llegaba al último partido del certamen en la séptima ubicación, a 16 unidades de los punteros, de modo que los antecedentes auguraban una relativamente cómoda victoria blanquiceleste.
Sucedió todo lo contrario y algo más. Los favoritos jugaron su peor partido del año y al término del primer tiempo perdían 2 a 1; Boca amplió su ventaja y al cuarto de hora del segundo período se imponía 4 a 1.

Entonces, algo que parecía insinuarse tenuemente desde el comienzo de la parte final de pronto cobró su verdadera y triste magnitud: la pasividad y el desgano se apoderaron de los jóvenes futbolistas auriazules, que facilitaban abiertamente los avances del rival; así, en los minutos 24, 26, 32 y 44, Racing, con la única oposición del guardavalla boquense, Alberto Trotelli, obtuvo cuatro goles más –en el período inicial había abierto el score- y terminó ganando 5 a 4.

Los hinchas de River daban rienda suelta a su enojo gritando “¡vendidos, vendidos!”, pero en rigor los jóvenes boquenses no habían sido comprados por nadie sino que actuaron por el impulso de su voluntad: impedir la consagración del equipo de Núñez. Entregaron el partido deliberadamente, por su cuenta y riesgo. La vergüenza no había sido invitada a la fiesta xeneize. Pero estuvo en el lugar.

Como River había vencido 2 a 0 en Rosario, el primer puesto quedó igualado en 50 puntos; al anochecer de ese domingo, la comisión directiva de Racing, presidida por el médico cirujano Carlos Alberto Paillot, anunciaba que no presentaría “al equipo de tercera división especial en los partidos de definición del campeonato oficial de 1944” y que había amonestado a sus jugadores por su “deficiente actuación”. Además, comunicaba que había apercibido severamente por su decepcionante actuación a nueve jugadores y exceptuado al arquero Graneros y al half izquierdo Varela.

En los considerandos de la resolución, se afirmaba que haciendo honor a su brillante tradición institucional e interpretando el sentimiento unánime de sus asociados y simpatizantes, la comisión “estima que la jornada de ayer, por su evidente irregularidad, inhibe a nuestro equipo de tercera división para obtener un campeonato cuya legitimidad ha sido perturbada por factores extraños a nuestra institución y a la nunca desmentida integridad moral de nuestros jugadores”.

En principio, el Tribunal de Penas de la AFA suspendió provisionalmente a todo el equipo protagonista de la repudiable actitud y tras afinar el análisis de los hechos, dispuso suspender por seis meses, reducidos a tres, a siete futbolistas y por seis meses, sin la reducción del plazo por registrar antecedentes, a otros tres. El castigo no recayó en el guardavalla Trotelli, el único del equipo que no participó de la conjura.

Racing formó con Graneros; Uzal y Santos; Maggiolo, Moure y Varela; Montes, Di Pace, Iuzzolino, Castro y Silva. (Goles de Iuzzolino (dos), Castro, Montes y Di Pace).

Boca Juniors se integró con Trotelli; Perroncino y Melogno; Sasiain, Rastelli y Bendazzi; Pérez Berot, Fedencrini, Osorio, Rodríguez y Panduri. (Goles de Fedencrini (dos), Osorio y Panduri.

Arbitró Francisco Girbau, cuyo cometido fue elogiado por la revista Racing, que transitaba por su segundo año de vida.

Papelones periodísticos

La inmoralidad fue censurada severamente por todo el periodismo, incluidas las revistas partidarias de los clubes involucrados, y quien mejor la “graficó” fue la revista El Gráfico, al consignar que “hasta en un tiro libre los jugadores de Boca pretendieron acortar metros a favor del rival para que el shot se efectuara más cerca de la valla” y que tan manifiesta fue su actitud, que “festejaron las conquistas adversarias como si fueran propias”.

Pero entre tanta polvareda, también hubo lugar para un par de “bloppers” en el periodismo escrito.

El más serio fue protagonizada por la revista “Boca..!”, una publicación líder entre los órganos partidarios.

Llegaba a los puestos de venta los sábados, por lo que a las pocas horas de la obtención del campeonato editó un “Boca..! Extra”, una entrega de 16 páginas, la mitad de ellas a color, para festejar el acontecimiento.

En su tercera página y a tres columnas, tituló “Nuestra tercera realizó un gran match” y desarrolló una crónica como si en el partido no hubiese existido anormalidad alguna.

Al reseñar la parte final del encuentro se decía que los boquenses amainaron su acción debido “al enorme trajín” y que los rivales aprovecharon para armonizar sus líneas.

Según ese enfoque, “los últimos minutos hallaron a los muchachos de Racing realizando un esfuerzo supremo en procura de una definición”, pero el colmo se leía en el último párrafo. ”En un gesto dignísimo, nuestros muchachos, finalizado el match, felicitaron efusivamente a sus colegas de Racing por la espléndida victoria alcanzada. Los abrazos fueron efusivos, mientras desde las tribunas boquenses y racinguistas se aplaudía a los presuntos campeones ruidosamente”.

Al sábado siguiente, en su entrega habitual, la publicación incluía un recuadro al pie de una de las últimas páginas titulado “Un gesto bochornoso que es un manchón”. No hubo explicación del papelón... sencillamente porque era imposible hacerlo sin afectar la credibilidad acerca del rigor informativo de la hoja.

El semanario “Campeón” encabezó el tratamiento de la cuestión con el siguiente título: “Vergonzoso espectáculo de la tercera de Racing”; tampoco intentó justificar el equívoco.

 Ver foto del ejemplar número 1 de la revista Boca…!

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