lunes, 13 de marzo de 2017

Habemus

“En el nombre del Padre (y otros cuentos)” encontramos relatos que tienen una notable impronta futbolística y mezclan en dosis eficaces lo cotidiano, lo histórico, lo familiar y lo trascendente. En esta, su primer aporte a las redes sociales del CIHF, y como es habitual en nosotros, dejamos que las efemérides nos guíen. En este caso Córdoba, su clásico y la historia.
 

Por Carlos de Mateo (socio del CIHF, Buenos Aires)

“El miércoles entraba descalzo a la mañana de Córdoba, sembrando el cielo de pájaros. Repleto de promesas, el insistente sol congregaba una legión de albañiles en el andamio mayor de la esperanza. La lejana voz de un radio merodeaba los suburbios del silencio y una música intolerable se mezclaba con la estruendosa voz de un locutor desaforado. Casi a los gritos, el mensaje de un oyente destrozaba la mesura diciendo que “Talleres le va a ganar a Belgrano, el día que…”.

El miércoles recién había comenzado a desperezarse y andaba ya entre nosotros con la genuina intención de abandonar el rebaño de los días que oscurecen el calendario.
El miércoles se hallaba reunido el Colegio Cardenalicio en el Vaticano durante su segundo día de cónclave para elegir al nuevo Papa. Minuto a minuto iba creciendo la natural expectativa por el desarrollo del cónclave. Las miradas de todo el mundo estaban puestas en la chimenea de la Capilla Sixtina.

El miércoles jugaban Talleres y Belgrano en el Estadio “Mario Alberto Kempes” por la Copa Argentina. Para ese “Clásico de Córdoba”, Talleres presentaba un equipo integrado con jugadores que no eran habitualmente titulares, ya que tenía como máximo objetivo regresar a la Primera B Nacional, tras varios años de confinamiento en el Torneo Argentino A. Por su parte, Belgrano se presentaba con su formación titular, la misma que le venía dando tantas alegrías en Primera División, hasta el punto de convertirlas en la mejor campaña de su Historia.

El miércoles Maja escribía sus cotidianos artículos de política y economía para “Planet Siol”, el periódico digital de su Eslovenia natal.

El miércoles se quedaba sin el sol cordobés, pero desde el lluvioso cielo del Vaticano una inmensa nube de humo blanco iluminaba el Universo entero. Y desde los balcones de la Basílica de San Pedro, la emocionada voz del Cardenal francés Jean Louis Tauran decía “Anuntio bobis gaudium, habemus Papam”.

El miércoles había confirmado ya la incuestionable vocación de salir presuroso del anonimato para todos los tiempos. El nombre de Jorge Mario Bergoglio dejaba de ser un dulce susurro argentino, para treparse a la cima de la espontánea veneración de los fieles católicos y a la cresta de todos los titulares del mundo.

El miércoles Maja debía escribir una nota relacionada con la repercusión que había tenido en la Argentina, el nombramiento del Cardenal Bergoglio como Sumo Pontífice. Sólo le pedí que en su trabajo periodístico destacara el amor que el nuevo Papa sentía por San Lorenzo de Almagro, apunte que, sin dudas, significaba un dato desconocido para casi todo el mundo.

El miércoles, bajo las luces artificiales del Estadio “Mario Alberto Kempes”, el volante riocuartense Gastón Ezequiel Bottino marcaba el gol de Talleres que le daba el triunfo sobre Belgrano por 1 a 0.

El miércoles por la noche, por aquella misma emisora radial, con burlona hilaridad repetían incansablemente la grabación de uno de los mensajes recibidos en horas de la mañana. La sibilina sentencia de un anónimo profeta reiteraba, una y otra vez, que “Talleres le va a ganar a Belgrano, el día que haya un Papa argentino…”.
Marzo de 2013

Imagen: Tapa del libro al cual pertenece el relato.

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