martes, 12 de mayo de 2015

Origen y Evolución del Referato


Origen y Evolución del Referato  (Jorge H. Gallego, socio del C.I.H.F.)

Homenaje del C.I,.H.F. a Ernesto Ángel Binda, en el primer aniversario de su fallecimiento.

Desde hace mucho tiempo es impensable que un juego de fútbol no tenga autoridades que lo dirijan; sin embargo, en los orígenes fue así. Este es un resumen de su evolución cronológica hasta 1881.
El educador y pedagogo Richard Mulcaster (1531-1611), fue un enconado defensor del footeball, en la Inglaterra de su tiempo. Una obra suya (1581), fue la primera en citar –entre otros conceptos futbolísticos pioneros- los beneficios de un arbitraje: “Juez sobre las partes”. 

El football, practicado en las Publics Schools inglesas de  diferentes formas, tomó impulso,  al  promediar el siglo XIX. Caso opuesto a lo que su nombre indica, son centros de clase alta y  muy caros. Algunos, como Eton y Winchester, acordaron que cada equipo debía  tener un umpire. Su tarea –cercana a los arcos- era contar los goles producidos. En los casos dudosos debían decidir en su mitad de campo… si los capitanes  lo invitaban a hacerlo!! 

La primera en elaborar un reglamento futbolístico  fue la escuela de Rugby, en 1845. Partidaria del “ juego de manos”, derivaría en un deporte diferente que, curiosamente, lleva el nombre del lugar colegio y localidad) donde nació.

The Football Association (F.A.) se creó  en Londres en 1863. Su objetivo fue elaborar un código común a las diversas reglas  que tenían los centros educacionales, militares o nuevos clubes, originados en años  recientes. El 8 de diciembre de 1863 quedaron establecidas las primeras reglas; había nacido el association football, es decir: nuestro popular deporte.

No hubo ninguna referencia al arbitraje en el documento inicial. Incluso no se preveía  sanción en el caso de que alguien no cumpliese con las reglas (juego indebido de manos o acción ilícita sobre el rival). Otros “asuntos” no incluídos fueron: duración del juego, forma y tamaño del balón y cantidad de jugadores por bando.
Del  colegio de Cheltenham fue la primera mención (1867) de un referee, en cualquier tipo de fútbol:
             “En cada partido importante habrá un umpire de cada lado (cada capitán elegirá el suyo) y un REFEREE  será elegido por los propios umpires. Cualquier punto en que los umpires no estuviesen de acuerdo, será  decidido por el referee”.

Cheltenham  -igual que Rugby- fue partidario del uso de las manos; todavía disputan uno de los más antiguos “clásicos” del rugby intercolegial.

En 1871 comenzó la  la Copa de Inglaterra. Las reglas de este torneo –el más antiguo vigente- incluyeron el primer registro de árbitro y umpires;  aún no figuraban en las reglas de la FA.

Punto nº 15:

              “La Comisión designará dos umpires y un referee para actuar en los partidos finales. Ni los umpires ni el referee deberán ser miembros de los clubes participantes y la decisión de los umpires será final salvo en el caso de que no concuerden; entonces una consulta será hecha al referee, cuya decisión será final”


Alfred Stair fue el árbitro de las tres primeras finales de Copa (1872-73 y 74). También era jugador del Upton Park FC y tesorero de la FA. Si su club hubiese jugado las finales, no  habría tenido ese rol pionero en la historia del referato.  Se había adoptado el concepto de los directores de juego neutrales.
               

La primera mención de los Umpires en las reglas de la FA se produjo en 1874. Deriva  de “nomper”; procedente del francés antiguo, sería “hombre en solitario”. Fueron los antecesores de los jueces de línea (1891). Varios deportes (cricket-beisbol-tennis-polo-fútbol americano y australiano, etc.)  tienen a los umpires entre sus autoridades de juego. La palabra no se ha traducido a otras lenguas.

El Referee fue incorporado a las Reglas, en 1881. Así expresó la nueva Law nº 15: 

“Por mutuo acuerdo de los clubes en competencia, un REFEREE, deberá ser designado y su tarea será decidir en todos los casos de disputa entre umpires. Él también guardará un informe del juego y controlará el tiempo del mismo. En caso de comportamiento no caballeresco por parte de los contendientes deberá, en presencia de los umpires, amonestar a los infractores. En caso de conducta violenta el referee tendrá el poder para expulsarlos, trasmitiendo el nombre o nombres al comité de la asociación bajo cuyo control el partido sea jugado, y en quién sólo será investido el derecho de aceptar una disculpa”.

A pesar de que el documento no lo indicó, los árbitros actuaban fuera del campo.

La palabra “Referee” procede del verbo inglés “to refer” cuya traducción es recurrir, acudir o
trasladar.  En consecuencia, era “la persona a la que se acudía” en instancias dudosas.

Estas fueron  otros cambios básicos producidos en el período que nos ocupa (1863-81):

 1866
Off side. No existirá cuando haya 3 adversarios entre el atacante y la meta; inicialmente hubo off side absoluto (como en el rugby).
Arcos.  Adopción de una soga, colocada entre los postes, a 2.44 metros de altura; hasta entonces, el gol era válido a cualquier altura, no existiendo interferencia horizontal.
Touch Down. Se producía cuando el bando atacante apoyaba el balón detrás de la meta rival. En caso de igualdad en goles (también 0-0), el juego se decidía por cantidad de éstos.
En el primer interciudades (31 marzo) Londres derrotó a Sheffield por 2 goles y 4 touches a nil.
Balón. Primera información. En el partido citado, se jugó con una nº 5 de la casa Lillywhite´s; es el mismo tamaño usado en la actualidad.
Duración del Juego. Primera mención. También relacionado con el Londres-Sheffield: “El juego comenzará a las 3 p.m. y finalizará a las 4 ½ p.m.”. Estos dos últimos no estaban en el reglamento general.

1867
Touch down. Eliminado de las reglas.

1871
Arqueros. Aparición en las reglas. Fue el único autorizado al uso de las manos. Esto significó la eliminación total del “hands” , por parte de los otros jugadores. El goalkeeper  existió desde 1863, sin figurar en las Leyes de Juego.
Jugadores por bando. Se incluyó en las reglas de la FA Cup; no así en las Leyes de la FA. Primer registro de 11 jugadores por  lado.
Duración del juego. También en las reglas de la FA Cup: “La duración de cada match será de una hora y media”.

1872
Tiro de esquina. Adopción. Tuvo validez el gol directo hasta 1875, prohibido luego hasta 1924.
Balón. Aprobación por la FA. Tenía una circunferencia promedio no menor de 62 centímetros, ni mayor de 64.4 centímetros (similar dimensión a la Lillywhite´s nº 5).
Tiro libre. Por tocar la pelota con las manos. No permitido el gol directo.

1873
Saque lateral. Será realizado por el equipo contrario al que lo sacó del campo. Hasta entonces, lo efectuaba quién primero “tocaba” la pelota, fuera del terreno.

1875
Arcos. Incorporación del travesaño. Uso indistinto de éste o soga.
Cambio de lado. Sólo entre ambos tiempos; hasta allí se producía después de cada gol.
Tiro libre. Incorporado también por off side e infracción sobre el rival (dar puntapiés, derribar, empujar, sujetar o cargar desde atrás). No permitido el gol directo.
Prohibición total. No era posible lograr un gol por ninguna forma de “pelota detenida”. Incluía al tiro de esquina, tiros libres, saques de mitad de campo o de meta. El tiro penal –introducido en 1891- sería el primer lanzamiento que habilitaría el gol directo.

1877
Unificación de leyes. Se efectuó entre la FA y la Sheffield FA; las reglas de esta última eran aún anteriores a 1863.

1881
Canilleras o shin guards. Ideadas por Samuel W. Widdowson en 1874. Incorporadas a la regla Nº 10… Como árbitro, Widdowson dirigiría (1891) el primer partido con redes en los arcos.

Las  figuras del referato inicial fueron también notables jugadores y dirigentes. Entre otros  –además del ya citado A. Stair- fueron Charles William Alcock, Francis Marindin, Charles Clegg y Charles Hughes; dirigieron, en conjunto, 18 finales de Copa.
Los primeros umpires (antecesores de los  jueces de línea) en la primera final de Copa , se llamaron James Kirkpatrick y J.H. Giffard, ambos del aún vigente Civil Service FC.

Para 1881 la posición del referato se hallaba en un punto intermedio. Seguiría una década de grandes progresos  acompañados por el  gran avance del fútbol. Cabe citar: la legalización del profesionalismo (1885), centralización de las Leyes en la International Board (1886), origen de la Liga (1888) adoptando el sistema de torneos por puntos, etc.

En 1891 el referato adoptó su estructura actual:
Referee dentro del campo y umpires –pasando de las líneas finales a las laterales- bajo el nombre de linesmen.


Un especial saludo a la gente del referato; a uno de ellos –muy querido-estamos recordando.
                


Fuentes:                                                                                                                
BROWN, Tony, The F. Association 1863-1883
BUTLER, Bryon, The Official Ilustrated History of FA Cup
F.I.F.A., F. History-Laws of the Game-Referees
GREEN, Geoffrey, the history of The Football Association
HUGHES, Graham, A develyshe pastime, a history of football in all its forms.





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martes, 5 de mayo de 2015

Elisardo Fernández: El nombre que unió a Huracán y San Lorenzo

Buenos Aires, 20 de abril (Télam) Por Pablo Viviani

Después de cuatro años de ausencia, este año volvió el añejo clásico entre Huracán y San Lorenzo. El primer duelo de 2015 fue para San Lorenzo, que ganó 3-1. Y volverán a enfrentarse en la fecha de todos los clásicos, la 24ta fecha. Este partido se ganó el mote del "clásico más grande de la ciudad de Buenos Aires", especialmente cuando se hace alusión a que la rivalidad Boca-River cubre el entusiasmo de todo el país. Tan cerca están los barrios que hay historias poco conocidas, en los comienzos, que los une mucho más de lo que se piensa.
Más allá del respeto existente entre los actuales dirigentes y de la distancia que en día mantienen los simpatizantes de ambos clubes se cree que Huracán y San Lorenzo no pueden mezclarse. El barrio los une pero no los mezcla, ambas parcialidades conviven pero no comparten. Y por ello es que unos a otros suelen llamarse amistosamente "primos".
Pero existen historias muy ricas y poco difundidas que muestran que son más que eso. Una de esas anécdotas es la de Elisardo Fernández, un hombre con un nombre poco común y un apellido corriente, que hizo algo más que jugar en ambos clubes: jugó el primer partido de Huracán en una liga y anotó uno de los goles de San Lorenzo en la inauguración del Gasómetro, el viejo estadio de avenida La Plata.
Elisardo Fernández nació en Buenos Aires el 24 de mayo de 1891. Era hijo del matrimonio compuesto por los españoles Manuel Fernández y Concepción López, que vivía en Maza 603, en el barrio de Boedo. Desde chiquito formó un poderoso club llamado Tres Estrellas junto a Ernesto Dell Isola y Antonio Salgado.
Pero el equipito se disolvió y en ese preciso momento recibió el llamado de algunos estudiantes del colegio Luppi que estaban por jugar el primer partido de liga que afrontaría el Club El Huracán. A poco de haber cumplido los dieciocho años, Elisardo quedó en la historia de ese club por haber integrado el cuadro que el 30 de mayo de 1909 enfrentó al Victoria United por la Liga Centenario. El conjunto huracanense formó ese día con Enrique Berni, Enrique Leroy y J. López; Juan Fariña, Carlos Villar y Román Gurruchaga; Dell Isola, Salgado, Fernández, V. Luján y Angel Cambiasso.
Al tiempo se fue y armó un club barrial llamado Corinthians, denominado así en homenaje a un equipo inglés que estuvo por venir a la Argentina pero que finalmente concluyó su gira en Brasil. En 1912 apareció Fernández jugando para Banfield, pero también se las arregló para actuar en Huracán con documentos falsos y haciéndose llamar Juan Fariña. Al otro año fue partícipe del ascenso del club de Parque Patricios, aunque los últimos partidos no los jugó por ser reemplazado por Federico Brana. Curiosamente, tanto él como su reemplazante actuaron después en San Lorenzo.
El primer año de Fernández con Huracán en Primera arrancó bien, con cuatro goles en seis partidos. Pero se alejó y fue a Atlanta. Al año quiso volver al club del que fue pregonero pero no lo dejaron, pues la comisión directiva lo acusó de "veleta" por ir y venir cuando quería. Lo dejaron actuar en segunda división pero en 1916 partió a San Lorenzo junto a otros jóvenes de las inferiores como Miguel Fontana, J. Golo, Luis Di Tieri y J. Pizzo, quienes integraron el equipo de Tercera.
El primer clásico con Elisardo ya vestido de azulgrana fue un amistoso que se jugó poco antes del campeonato, ante Huracán, que finalizó con un empate en un gol. San Lorenzo formó su línea delantera con Alfredo Etchegaray, Fernández, Eugenio Moggio, Cayetano Urio y Luis Gianella. Pero el protagonista no estuvo en forma, se sintió muy mal y abandonó el juego en el entretiempo. Todavía no era su momento.
Al comenzar el campeonato, y en vísperas a inaugurar su nuevo campo, San Lorenzo enfrentó como local a Gimnasia de La Plata en cancha de Kimberley y luego cedió la localía cuando jugó con Racing. El 7 de mayo, inauguró oficialmente su nuevo campo, que luego se transformaría en el mítico Gasómetro, ante Estudiantes de La Plata. Ese día histórico jugaron José Coll, José De Campo y Alberto Coll; Juan Sacardo, Federico Monti y Jacobo Urso; más el mismo ataque que había jugado contra Huracán con Fernández como insider derecho. El local iba ganando uno a cero y cuando restaban diez minutos para la finalización del primer tiempo llegó el momento: Elisardo, el que jugó aquel primer partido de Huracán, anotó un gol en el primer partido en el Gasómetro. El encuentro concluyó con victoria de dos a uno para San Lorenzo y Elisardo quedó como parte del recuerdo.
Una anécdota que demuestra que los lazos que ligaron al Santo y al Globito en sus orígenes son mucho más fuertes de lo que la mayoría supone. Elisardo siguió con su carrera en Del Plata (el equipo de los puesteros del viejo mercado que tenía ese nombre) y más tarde en otros clubes. También es importante señalar qué sucedió con los otros dos atletas que se iniciaron con Fernández. Para 1912, Antonio Salgado había abandonado la práctica activa del fútbol. Mientras que Dell Isola, tras una participación activa en la dirigencia de Huracán. pasó a Vélez junto a otros compañeros y a comienzo de 1917 pidió el pase para jugar en San Lorenzo. Historia de primos, casi de la misma familia.

*Socio del CIHF (Centro para la Investigación de la Historia del Fútbol).

domingo, 19 de abril de 2015

Somos nosotros

Una gran exposición, con multitud de curiosidades, sobre los orígenes del fútbol y su particular historia en Argentina a cargo del socio del C.I.H.F. Jorge Gallego.

Somos nosotros

jueves, 9 de abril de 2015

La "Banda Roja"


Por Jorge Gallego (socio del C.I.H.F.)

En nuestro país, esta denominación no ofrece dudas. No se necesita  aclarar que es sobre fondo
blanco, diagonal, o que "desciende" desde el ángulo superior izquierdo. Reconocemos, con esa
única referencia, a una de las grandes entidades del deporte local.
¿Cuál fue la primera entidad futbolística en usarla?
Chirk es un pueblo minero del norte de Gales, Allí encontramos, desde 1876, al Chirk Amateur Athletic
Assoc. F.C. Ese mismo año fue miembro fundador de la Asociación Galesa de Fútbol Entre 1885/86 y
1893/94 obtuvo 5 Copas, éxito que nunca repitió. Su apodo es The Colliers (obreros de las minas
de carbón). Su primera casaca fue blanca con banda roja (angosta); es la más antigua que hallé (1).
El viejo club fue el inicial de William Henry Meredith. Nacido en la localidad (1874), ganó la
última Copa galesa con el club (1894). Su prolongada carrera se extendió hasta 1924, militando
en los dos clubes rentados de Manchester. Billy o El Mago  fue una de las primeras "superestrellas".
En una fecha que ignoro, el Chirk AAA FC abandonó la casaca con la banda (hoy es totalmente
roja). Por eso no puedo establecer si el gran wing derecho llegó a utilizarla...
En 1885 se fundó el Southampton FC; se llamaba entonces St Mary´s Young Men´s Assoc. F.C.
La primera fotografía del equipo (1888) lo muestra usando camiseta blanca con banda roja. (2)
Por la "improvisación inicial", en tres de sus jugadores las bandas "bajan" desde el  hombro derecho.
Para 1896  el club, ya profesional, cambió su nombre por el actual y adoptó la albirroja a listas
verticales.
Fue el primer club europeo en jugar en nuestro continente (1904). Debutó en Buenos Aires el 26 de junio
enfrentando a Alumni. Ambos poseían identica indumentaria (incluso pantalón negro). Los
nuestros jugaron totalmente de blanco. Ganaron los ingleses (3:0)...y River tenía sólo 43 días
de existencia !!
En Sudamérica, la primera casaca blanca con banda diagonal que he encontrado, fue de color
azul. (3). La adoptó el Valparaiso FC (fundado en 1892). Entidad de residentes británicos, fue la
pionera del fútbol chileno. Varios de sus jugadores -encabezados por su capitán, H.W. Baldwin-
formaron en el combinado local que, en el Sporting C. de Viña del Mar (25 de noviembre de 1893) enfrentó
a un team de Buenos Aires. Fue el primer cotejo entre equipos de ambas naciones y finalizó 1:1...

La selección peruana  la adoptó en 1936. Fue en ocasión de los J.O. de Berlín. Los sudamericanos
vencieron a Finlandia 7:3, con cinco goles de Teodoro "Lolo Fernández. Había tenido otras tres casacas
diferentes, desde su debut internacional (1927). Todas fueron albirrojas, por sus colores patrios.
Estos internacionales peruanos jugaron en River (años entre paréntesis):
   Jorge Luis Félix Alcalde, "Cámpolo" (4) (1939-40)   José Eusebio Soriano (arquero) (1944-46)
   Oscar Gómez Sánchez (1959-60)                                Juan Víctor Joya (1960)
   Miguel Ángel Loayza (1966)..
El C Centro Deportivo Municipal, nació en Lima, en 1935. Su casaca inicial fue amarilla. Usa la
"banda roja", desde su debut en 1ª División (1937). Ha sido campeón en 1938/40/43 y 50; este año
ha regresado al círculo superior.... En 1948 representó a Perú en el Sudamericano de Clubes Campeones. Se jugó en Santiago y fue auspiciado por Colo Colo . El 21 de febrero River enfrentó a Municipal; ganó aquel con goles de Loustau y Labruna. Ignoro quien cambió de casaca ese día.
Otro " franjeado", Vasco da Gama, de Río (diagonal blanca, fondo negro), fue el ganador del torneo...
Potosí, hoy Bolivia era (1630), la ciudad más grande de América. Ello se debió a su fabuloso "Cerro";éste fue el mayor productor de plata que haya existido. Aquí estuvo el metal que los conquistadores buscaron -sin éxito- por nuestro litoral fluvial.. La ciudad, situada a 4090 mts. de altitud, tiene 2 clubes en la 1ª Div. boliviana: el C Real Potosí y el CA Nacional; éste usa la casaca que nos ocupa. Fueron fundados el 1º y 8 de abr. de 1942, resp. Lo considero el "Clásico" -de 1ª div. -disputado a mayor altura..
River Plate, nació en  Chivilcoy (Buenos Aires) el 11 de noviembre de 1926. En 1927 se afilió a la Federación
Chivilcoyana, actuando en Intermedia. Al ascender a 1ª (1928):
  
(...) La denominación "River Plate" fue castellanizada "Río de la Plata", según disposición del
      alto organismo nacional que dispuso con carácter general dicha medida (...) (5).
Con este nombre, pero siempre con "la banda" inicial, logró los títulos locales de 1928/29/33/37 y
41. Hoy, alejado del fútbol, el C Soc. Dpvo. y Cultural Río de la Plata es el líder bochófilo de
Chivilcoy...
Otra entidad obligada al cambio de nombre, fue el River Plate, de Luján, (Buenos Aires). Creado el 1º de abril de 1936, solicitó (195?) la Personería Jurídica;  es el  actual C Luján que ingresó en 1961 a la categoría"D", en AFA. La banda roja diagonal que usa hoy "baja" desde la derecha.
Román Bruno Quevedo, delantero del club, jugó para los "millonarios", en 1943...
En 1932 surgía en Posadas, Misiones, el CD Guaraní. Fue su primer presidente, Antonio Franco,
enfermero de la Asistencia Pública local; falleció en 1933. Luego de una fugaz etapa de división
del club (Guaraní Azul y Guaraní Colorado), se produjo la fusión definitiva en 1935. Se impuso
entonces el nombre de Guaraní Antonio Franco, y también los colores "riverplatenses". Tiene
entre otros, 35 títulos (record) en el fútbol de Posadas. Ha promocionado al Nacional "B"..
No todos los clubes con "la banda" tienen el mismo apodo. G.A. Franco es "Franjeado", Alfonso
Ugarte, de Puno (Perú), "La Franja Puneña" y el Rayo Vallecano español: "Franjirrojo", etc.
Este antiguo documento presentó los colores del CA River Plate. Lo registró The Standard,
junto a otras 34 entidades deportivas (3 uruguayas), el 25 de enero de 1907:
        "Club Colours, River Plate, white blouse with red band"..

(1) Ver pág. "Eminents-Victorians-Historical Football Kits
(2) Id. "Historical Football Kits-English Football League"
      Id. "History of Southampton FC-Wikipedia"
(3)  Libro "Fútbol en Chile, 1895-1945" Fernando Larraín Mancheño
(4) Apodo por su parecido físico con Victorio Cámpolo, boxeador argentino, peso pesado.
(5) ABRIOLA, Vicente J., Fútbol chivilcoyano, 1981.

miércoles, 8 de abril de 2015

Argentina, con la Liga más grande del mundo


Por Raúl Ramírez (socio del C.I.H.F.).
Para Télam.

El Campeonato de Primera División 2015 de AFA, que comenzará el viernes próximo, contará con la participación de 30 clubes, lo que constituye un hecho extraordinario, ya que la Liga argentina se constituirá en la integrada actualmente por el mayor número de equipos en el mundo.
Con sus 30 participantes, Argentina pasa a encabezar cómodamente el listado de las ligas de asociaciones afiliadas a FIFA, ordenadas por número de equipos en su primer nivel. 
De los 54 miembros de la UEFA, solamente Liechtenstein no organiza su propio torneo de liga (sus clubes juegan en diversos niveles del fútbol suizo). De los restantes, la mayoría (un total de 29) no tiene mas de 12 clubes en su círculo superior, siendo Andorra, Armenia y Gibraltar los que, con ocho integrantes cada uno, exhiben un primer nivel más reducido. 
En el extremo superior están España, Francia, Inglaterra e Italia, con 20 participantes en sus máximos certámenes. Alemania, el restante coloso europeo, organiza su Bundesliga con 18 integrantes, igual número que Grecia, Holanda, Portugal, Rumania y Turquía. El único con número impar es el minúsculo San Marino, con 15 participantes. 
La Conmebol, entidad madre del fútbol sudamericano tiene sólo 10 afiliados. Hasta la última temporada, antes de la explosión de su Primera División Argentina compartía con Brasil y Colombia la mayor cantidad de equipos, 20 clubes cada uno, en la máxima categoría. Siguen Chile y Venezuela con 18, Perú y Uruguay con 16, y cierran el listado Bolivia, Ecuador y Paraguay con 12 cada uno.
La entidad que rige el fútbol de América del Norte, Central y del Caribe (CONCACAF) cuenta con 41 asociaciones afiliadas, de las cuales seis no integran la FIFA. El escenario es dominado por México y Estados Unidos, que además tienen las ligas más voluminosas. Unos 18 clubes integran el torneo azteca, mientras que la Major League Soccer (MLS) participan 19 entidades, aunque tres de ellas pertenecen al vecino Canadá. 
En América Central oscila entre los 12 participantes de la Liga Costarricense y los nueve de la de Bélice. En el Caribe el mayor número de participantes lo tiene Guyana (geográficamente en Sudamérica) con 16. En Haití también 16 iniciaron la temporada pero cinco fueron excluidos luego de un conflicto con la Federación. Las ligas mas reducidas son las de Saint Martín (no afiliada a FIFA) y Turcos y Caicos con siete competidores cada una.
La Federación rectora del fútbol asiático (AFC) tiene 47 asociaciones afiliadas. Aquí la variedad de formatos y cantidades de participantes en el primer nivel de cada una de ellas es grande, y para nada vinculada con la potencia futbolística. Es así que dos ligas modestas aún en el plano continental, como las de Indonesia y Sri Lanka tienen el mayor número de participantes, 22 cada, aunque en el último caso hubo una deserción que redujo a 21 el total de contendientes. 
Japón y Corea del Sur, con las ligas mas relevantes de Extremo Oriente, cuentan con 18 y 12 clubes en lisa respectivamente, contra 16 de la populosa China, el mismo número que en Irán. Arabia Saudita cuenta con 14, al igual que en dos destinos conocidos por argentinos trotamundos: Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
En el extremo inferior de la lista está el reino montañoso de Bhután, con apenas seis participantes. Un caso aparte es el de Palestina, con su territorio dividido y con imposibilidades de traslado por la ocupación de Israel, lo que hace que tenga dos certámenes separados: el de Gaza y el de la Cisjordania, cada uno con 12 rivales, lo que daría un total de 24 si se los considerara a todos como partícipes de la misma liga.
El fútbol en África (CAF) exhibe un total de 54 asociaciones nacionales, mas la isla de Reunión, que es miembro asociado (no pertenece a FIFA). No faltan aquí situaciones más particulares, como la de Comoros, un estado insular que organiza, seguramente por dificultades de traslado, un certamen por cada una de sus tres islas principales. Luego los campeones definen la Liga; entre las tres islas suman 24 clubes en disputa. El mismo número posee la liga de Madagascar, divididos en cuatro zonas de seis.
Con esquemas mas convencionales dos referentes continentales, Egipto y Nigeria, exhiben las ligas mas pobladas, con 20 integrantes cada una, mientras que 19 actúan en la de Camerún y 18 en la de Sudán del Sud, que se juega cuando y como se puede. El número mínimo corresponde a Cabo Verde, con nueve clubes.
La federación de Oceanía (OFC), sin duda la región donde el fútbol ha alcanzado menor desarrollo tiene once afiliados, liderados por Nueva Zelanda en cuya liga juegan nueve entidades. Nueva Caledonia y Samoa tienen con 12 competidores cada una el mayor número de integrantes, mientras que la liga de Samoa Estadounidense es la más deshabitada del continente y del mundo con cinco participantes.
En conclusión, se puede señalar que no hay una relación directa entre el poderío futbolístico de las distintas federaciones y la cantidad de participantes en sus torneos mayores, aunque sí existe cierta tendencia a que a mayor desarrollo haya más clubes en lisa, con notables excepciones. Las dimensiones geográficas y algunas particularidades en materia de transportes, recursos y aun de situación geopolítica, también ejercen su influencia.
De todos modos, en el ancho mundo de la FIFA no habrá por lo menos en 2015 ninguna liga nacional que siquiera se acerque al número de participantes que tendrá la de Argentina. Para saber si ello constituye un acierto o un disparate, sólo habrá que esperar.

sábado, 4 de abril de 2015

38 minutos



Enzo E. Gennoni jugó en la Selección Argentina un partido oficial (38
minutos para ser más precisos), ante México el 22 de agosto de 1967
(1ª derrota del Sel. Argentino v. México). Ingresó en el segundo
tiempo por Juan C. Carone, marcó un gol y luego (debido a una lesión)
fue reemplazado por Rodolfo Fischer.

México 2: Ignacio Calderón - Juan Manuel Alejandrez - Gustavo Peña -
Guillermo Hernández - Mario Pérez - Luis Regueiro (77’ Antonio
Munguía) - Isidoro Díaz - Fernando Bustos - Javier Fragoso (85’ Héctor
Pulido) - Enrique Borja - Bernardo Hernández. Entrenador, Ignacio
Tréllez.

Argentina 1: José Marín (80’ Carlos Buttice, debut) - Roberto Rogel -
Nelson López (35’ Antonio Laginestra, único partido) - Eduardo Manera
- Carlos Pachamé (cap.) (65’ Jorge Masalis, único partido) - Rafael
Albrecht - Mario Pardo (35’ Hugo Tedesco, único partido) - Sebastián
Viberti - Rodolfo Fischer (debut) (46’ Daniel Onega) - Roberto Zywicka
(único partido) (46’ Omar Wehbe) - Juan Carone (46’ Enzo Gennoni).
Entrenador, Carmelo Faraone.

Goles: 57’ Javier Fragoso - 61’ Enzo Gennoni - 65’ Javier Fragoso.
Arbitro: Abel Aguilar (México). Estadio Azteca. Público: 55.000. A los
83' Rodolfo Fischer reingresó por Enzo Gennoni.

Fuentes: Quien es quien en la Seleción Argentina (J. Macias). Fútbol
historia y estadísticas nro. 11. El Gráfico Historia de la Selección
Argentina cap. 5.
http://decelesteyblanco.blogspot.com.ar/2008/06/historial-argentina-mxico.html

Maxi Mecoli (@viejocasale)

viernes, 27 de marzo de 2015

Una medalla que brilla. A propósito de los noventa años de la gira de Boca por Europa.


Por Ariel Scher (Periodista. Socio del CIHF).

En 1934, con los pantalones a la altura de las rodillas que le correspondían a cualquier chico de diez primaveras, Arnoldo Bernasconi descubrió que hay hombres que hacen lo que nadie. Los admiró enseguida. Algunos de esos hombres eran los jugadores de Boca que, destartalando moldes, enardeciendo corazones y arrasando a los rivales y a la lógica, habían dado vueltas nueve años antes por Europa, en lo que representó el viaje inaugural y resonante de un equipo argentino de fútbol hacia esa geografía. Otro de esos hombres también fue decisivo en esa gira pero sin patear ni dos ni sesenta pelotazos: los escribió. Arnoldo, desde luego, lo encumbró en su lista de admirados. Se trataba de Hugo Marini, periodista, talentoso, imaginativo, jefe de Deportes del diario Crítica, autor de las crónicas que suscitaron la expectativa y las vibraciones de un país, único narrador de esa aventura que retumbó lo suficiente como para abrir las puertas de la historia, primer enviado de la prensa deportiva nacional al otro lado del mar para retratar partidos. Todo eso y algo más: el tío de Arnoldo.

Así que Arnoldo creció de Boca, muy de Boca, y con los oídos anchos para escuchar los ecos que suscitaban los textos que ese tío redactaba con conocimiento y con arte. Imposible huir de la fascinación: Marini había cruzado el océano cuando cruzar el océano era un sueño tan difícil que estaba reservado a Colón en los libros del colegio o a los ricos en las revistas que mostraban sólo a ricos. Además, frecuentaba a los futbolistas famosos con la naturalidad con la que la gente corriente besaba la mejilla de una prima en los almuerzos de los sábados. O le escribía algún libreto a Luis Sandrini en las horas en las que Sandrini era mucho más que un actor y muy poco menos que un dios. No obstante, nada de eso guardaba la menor resonancia al ser comparado con algo insuperable: en la primavera de 1934, Marini le había enseñado a Arnoldo que la vida brilla. Tal cual: brilla.

"¿Vos tenés un hijo?" le había preguntado un dirigente de Boca al mejor escritor que pudo tener el Boca más mítico. "Hijo varón, no -contestó Marini, papá de una niña-, pero tengo un sobrino que es como si lo fuera". El dirigente no dio vueltas porque infería que Marini era un individuo paciente pero al que la pasión por las noticias, por las palabras y por el deporte lo dejaba con el tiempo libre escaso. De modo que soltó su anuncio enseguida: "Si es como tu hijo, entonces te vamos a mandar una medalla. Una medalla de Boca para él". Al rato, la medalla se estacionó en su escritorio. Primero la evaluó simpática porque incluía la inscripción "pequeño hincha", o sea que formaba parte de una serie muy especial y dirigida a los pibes. Y luego se la llevó a Arnoldo.




Lo que continuó fue extraordinario. Se comprende lo que aquí, especialmente aquí, significa extraordinario: un suceso que ojalá sobreviniera seguido pero que no se da casi nunca. La medalla de Boca, un tributo de la institución a la presencia de Marini en aquella gira inolvidable, brillaba como un tesoro. O como los ojos de Arnoldo, que, encandilados al parpadear delante de ella, lanzaban fuegos, magias, luces y rayos con la intensidad que sólo adquieren los ojos cuando hay niñez o cuando hay amor. Brillo más brillo, esos ojos y esa medalla lograron que la vida brillara. Los que compartieron desde un pestañeo hasta una existencia con Arnoldo testimonian que de esa suma de brillos no se desprendió jamás. De la medalla, durante décadas, tampoco.

A ciertas sabidurías de la infancia las atenuan o las desacreditan los calendarios. Otras, al revés, resisten y se verifican. Sobre la gira de 1925, Arnoldo comprobó, mientras maduraba, que en sus cautivaciones de pantalón corto no sólo no había errado sino que hasta había andado módico. Es que entre el 4 de febrero, cuando partió arriba del vapor Ciudad de Buenos Aires, y el 12 de julio, fecha del retorno a bordo del navío Mesella, Boca jugó 19 partidos, triunfó en 15, igualó uno y cayó en tres, modelando un itinerario deportivo de 159 jornadas lejos de casa, con actuaciones en España, en Alemania y en Francia. Hubo 10.000 personas en el puerto de Buenos Aires en el instante de la salida y la cifra se cuadruplicó para la cita del regreso. Por supuesto que en sus lecturas jovencísimas, regocijado en sus células de hincha, Arnoldo puso el foco en la gloria de las canchas. Sin embargo, ya adulto y con el auxilio intelectual de su tío, concluyó en que la victoria más determinante de ese periplo consistió en convertir a un exitoso equipo porteño, que venía ganando campeonatos y adhesiones, en una referencia nacional e internacional. Más fácil: en Boca.


Violeta, bisnieta de Arnoldo Bernasconi, heredera de la medalla que brilla.

Con la medalla brillante siempre próxima a sus dedos largos, Arnoldo repitió esa tesis a través de los veranos y de los inviernos, ya no como un pequeño hincha sino hecho un señor de inquietudes diversas, inclusive la de ejercer el periodismo en muchos diarios, como Democracia, Pregón o, claro, Crítica. La enunciación de la tesis -en ocasiones delante de Tita, la hija de Hugo, socia entrañable de crianza, una hermana- iba acompañada de la evocación obligatoria de los diecisiete jugadores que relumbraron en esa excursión. "Américo Tesoriere, Ludovico Bidoglio, Ramón Mutis, Segundo Medici, Alfredo Elli, Mario Busso, Domingo Tarasconi, Antonio Cerroti, Dante Pertini, Carmelo Pozzo, Carlos Antraygues y Alfredo Garasini", enumeraba Arnoldo, que frenaba ahí porque de Boca, exactamente de Boca, provenían esos doce muchachos. Enseguida, le dedicaba un parlamento cariñoso a Tesoriere ("en tiempos de Américo esto no pasaba", aseveraba cuando el universo del club se ensombrecía), ya que lo sentía un arquero notable y un prócer capaz de enhebrar poemas o de inducir a sus compañeros a visitar la Torre Eiffel. Luego agregaba: "Manuel Seoane, Cesáreo Onzari, Octavio Díaz, Roberto Cochrane y Luis Vaccaro". Sí, refuerzos de calidad cedidos por otras instituciones para enfundarse la azul y amarilla en el viaje. "Pasaba que, en esa gira, Boca era de todos y todos éramos Boca", resumía Arnoldo, advertido y advirtiendo que tanta épica había doblegado a una arraigadísima percepción argentina (de raíz más que futbolera) que indicaba que Europa siempre era la cima, siempre era mejor. Desde ese entendimiento, las autoridades de la Asociación Argentina de Fútbol, con el consenso de sus entidades afiliadas, distinguieron a Boca como campeón de honor de 1925, a pesar de que la ida hacia tierras que quedaban del otro costado del Atlántico le había impedido intervenir en el torneo local. La perspectiva de etapas posteriores del fútbol, en las que se desbarrancó el placer de agasajar a un rival, quizás induzca a sospechar que en esa disposición flotaba algo hipócrita. No y no y no. Era un honor sincero, voluntario, real.

“Boca era de todos y todos éramos Boca” conforma una sentencia que Arnoldo absorbió en medio del humo de los cigarrillos respirados con su tío. Entera verdad. Tan verdad como que esa visión de la gira de 1925 excedía esos intercambios familiares, ya que podían repetirla miles de futboleros que eran y que no eran de Boca. De hecho, según las crónicas de ese momento, cuando el equipo inició su tránsito, la muchedumbre que lo despidió cobijaba a una delegación de simpatizantes de River. Para que eso ocurriera bastante generó Boca. Y bastante generó Crítica.


Breve revisión: el uruguayo Natalio Botana fundó Crítica en 1913 y desde muy temprano ubicó al deporte entre los temas preponderantes de la publicación. Lo documenta la investigadora Sylvia Saitta en "Regueros de tinta", un libro que desmenuza cómo el diario gravitó o, directamente, construyó la realidad nacional a partir de su monumental capacidad de acción política y periodística y de sus recursos modernos para llevarla adelante. En esas páginas, el fútbol viró de menos a más, de noticia colateral a territorio visceral, acaso por el peso de una propuesta clave que supo recoger en sus recuerdos el notable periodista Juan José de Soiza Reilly. “Si querés que Crítica se vaya a las nubes, dedicale al fútbol una página entera”, dijo Soiza Reilly que le sugirió Eduardo Dughera, alguien muy influyente en la distribución de diarios de esa era, a Botana. Y Botana aceptó. Aceptó y hasta puso a contar fútbol a Pablo Rojas Paz, un literato de lazos amables con Jorge Luis Borges y no tan amables, hasta allí, con el fútbol.

La contratación de Rojas Paz ("El Negro de la Tribuna", en su prosa para el deporte) y, en 1919, la de un joven crack periodístico como Marini, que ya sobresalía en el diario La Argentina, certifican el ojo eficiente de Botana para sus ediciones de fútbol. Sin embargo, no agotan el espiral de jugadas que trazó con la pelota. Entre febrero y agosto de 1926 presidió la Asociación Argentina de Football, en el último lustro de los veinte usó a Crítica como motor de la profesionalización del fútbol que se cristalizó en 1931 y, de acuerdo con más que un rumor de época, en los treinta se incluyó entre los que le susurraron a su amigo y presidente Agustín P. Justo que valía la pena prestarle atención política al mundo de los goles.

De ese “Boca éramos todos y todos éramos Boca”, síntesis insuperable parida por el gran Arnoldo, se ocuparon mucho más adelante las ciencias sociales, en particular el historiador Julio Frydenberg en su ensayo "Boca Juniors en Europa: el diario Crítica y el primer nacionalismo deportivo argentino". Allí, Frydenberg exhuma con meticulosidad de qué manera el diario tomó un acontecimiento deportivo y lo elevó a causa patriótica, en una acción que "se embarcaba en un discurso que insistía en señalar a los viajeros como 'embajadores del deporte nacional'. Esa operación estaba claramente diseñada e instrumentada". Esa idea se corrobora por medio de las invocaciones del propio diario, muchas tan enfáticas como la de la jornada anterior al desembarco: “Usted, mañana, buen aficionado al football, después de acudir a las puertas de la ciudad a sumar sus aplausos y sus vítores con los de la muchachada de cordial hidalguía y de homenaje a los vencedores, tendrá que leer el relato completo de la hermosa campaña del Boca Juniors, narrada minuciosamente, por nuestro representante en la gira, el hábil y conocido periodista Hugo Marini”.

Ya en la partida de Boca, Crítica había exaltado sus líneas rectoras: “Crítica ha sido siempre, y lo seguirá siendo, uno de los diarios que más ha hecho por el deporte. No podía pasar por alto esta delegación a Europa”. Y, ni hablar, la categoría de su enviado: “Se darán a conocer a los simpatizantes todas las incidencias de la gira. La tarea ha sido encomendada al jefe de esta página, don Hugo Marini, periodista de sangre, de dotes poco comunes”.


Acopiador de infinidad de recortes periodísticos, a Arnoldo Bernasconi no le hacía falta ninguna exploración en los archivos para suscribir que Marini poseía "dotes pocos comunes" en su profesión, más allá de que el diario de Botana resaltara esos dotes como herramienta de algo que ya era pero aún no se denominaba marketing. Lo sabía de memoria y lo relataba con el deleite de los maestros de la conversación de sobremesa. "¿Sabés quién le puso El Ciclón a San Lorenzo?", arrancaba. Tras un silencio, exhalaba la contestación: "Marini". Y continuaba: "¿Y quién bautizó al estadio de Vélez como El Fortín? Acertaste: Marini". Y más seudónimos: "¿Y eso de llamar La Fiera a Bernabé Ferreyra?, ¿y lo de Diablos Rojos para Independiente? Marini, viejo, Hugo Marini".

En efecto, como razonaba Arnoldo, Marini acumulaba tribuna y libros, verbos y veredas, una cultura en la que se mezclaban el barrio y la academia. Si acertó en apodos que durarían hasta la eternidad fue porque en su orquesta interior había armonía entre los silencios de las bibliotecas y los sonidos de la gente. Se pareció en eso a unos cuantos de sus compañeros de trabajo, como Roberto Arlt o como Last Reason, dos de los pocos que, como Marini, se habían ganado la firma al pie de sus artículos en Crítica. Se pareció a ellos, además, en que en su obra cotidiana -sobre todo en "El sport de cada día", título de su sección diaria- esos elementos se asociaban sin contradicción.

Migrado de sobrino a confidente de su tío, Arnoldo aprovechó esa oportunidad. Tres ejemplos que podrían ser cien: se instruyó en los pormenores del origen de La Oral Deportiva porque Marini (junto a su hermano Julio, también periodista) había cooperado con su garganta en la gestación del programa, se volvió un catálogo sobre la prehistoria del Círculo de Periodistas Deportivos porque Marini -con Borocotó, con Chantecler, con unos cuantos notorios- había estampado la firma en el acta de nacimiento de la organización y la había presidido entre 1941 y 1945, y se recibió de erudito sobre los Juegos Olímpicos de Amsterdam de 1928 porque allí -se insiste, cuando no viajaba nadie- Marini había incrustado las pupilas para llenar sus dedos con palabras sabrosas.

Hombre generoso, Arnoldo admitía que Marini no era un mito que le pertenecía en exclusividad por derecho familiar o porque le había traído una medalla brillante. Al contrario, le alimentaba la alegría detectar que lo reivindicaban muchos y muy buenos. En su libro “100.000 ejemplares por hora. Memorias de un redactor de Crítica”, Roberto Tálice situó a Marini como un valor entre los valores, “luciendo su prematura calvicie, con la natural inmovilidad de su rostro que disimula su enorme capacidad afectiva”. En “El hombre de la rosa blindada”, un volumen sobre el poeta Rául González Tuñón, el escritor Pedro Orgambide descorrió el velo de la redacción de Crítica y se detuvo en Marini porque “escribía memorables crónicas de fútbol”. En su anecdotario inempatable de periodista, Diego Lucero reseñó la novedosa instancia de emprender la cobertura del Campeonato Sudamericano de Lima, en 1935, en avión y al lado de alguien como Marini. Y Dante Panzeri, hondo fiscal de una prensa deportiva que no le gustaba, añoró los tiempos en los que los lectores desparramaban ansiedades a la espera de los comentarios de Chantecler, de Borocotó o de Hugo Marini “para ver qué dicen”.

Arnoldo nunca dudó de que consideraciones como esas ratificaban que la vida brillaba. La vida brillaba aunque ya los almanaques lo ubicaran lejos del día en el que su tío le entregó la medalla. La vida brillaba en el abrazo consecutivo con Zulema, su mujer, y en más abrazos, igual de consecutivos, con María Luisa y con Héctor, sus hijos, encaminados desde la cuna para ser buena gente y para ser de Boca: La vida brillaba en el deslumbramiento repetido pero inextinguible que le provocaba ver cómo un montón de palabras dispersas terminaban alumbrando un diario y brillaba, flor de brillo, en la rutina de oír partidos por radio cada domingo. El Boca campeón de 1954, ese que empezaba con los guantes infranqueables de Julio Elías Musimessi en el arco y se acababa con los botines certeros de Pepino Borello en el ataque, también funcionaba como un brillo de la vida. De esos brillos y de ese equipo hablaba Arnoldo en la noche del decimosegundo día de 1955 cuando le avisaron que Marini se murió.

No hubo nadie -y nadie, en este caso, es rigurosamente nadie- que se privara de afirmar lo evidente: debía ser así. Marini falleció a la hora de cerrar una edición, en la redacción de un diario -la de El Laborista, otro de sus empleos- y con el horizonte del deporte como última tarea. Nadie, tampoco nadie, en las páginas que informaron y se dolieron por semejante pérdida dejó de marcar que se iba uno de los grandes del periodismo deportivo y que lo había hecho en su ley, a su modo, escribiendo. Nadie, muchos menos, se salteó esa señal en los rituales de la despedida: ni Félix Daniel Frascara, que labró un discurso a la altura de sus notas fabulosas, ni Julián Centeya, poeta porteño, que conmovió a una multitud. Nadie y tampoco Arnoldo, quien, a la mañana siguiente, la mirada clavada en Crítica, confirmó que abundaba en hermanos de sentimiento: los periodistas nóveles de Crítica se definían, en unas líneas espléndidas, como hijos de Marini.

De ahí en más, Arnoldo continuó con su devenir de papá y de laburante, de amigo y de futbolero, de charlista encantador y de observador implacable de los diarios, de hincha de Boca y, desde los años ochenta, de abuelo. De Marini se acordó con una sonrisa irrompible y en muchas situaciones. Una, predecible, en cada mención ocasional a la gira de 1925. Otra, óptima, en cada mirada a la medalla brillante.

Precisamente de cara a la medalla, Arnoldo meditó durante la tarde en la que determinó que esos brillos podían y debían encender otros ojos. Se prometió, entonces, que sería un regalo para su primer nieto varón. Caballero de palabra, cumplió. En el primer día del mejor de sus mayos, marchó acelerado hacia una maternidad de Buenos Aires y estrenó su papel de abuelo con la piel conmocionada y con la medalla en la mano. Julio César, ese nieto, tejió desde la fundación de sus días una lluvia de complicidades felices con ese abuelo. Quizás por eso Arnoldo nunca necesitó explicarle por qué esa joya era una joya.

Hay dos clases de legados: los que pasan de largo rumbo a los trámites y los que se afincan en el corazón. Julio César gozó de suerte, suerte gigante, en dos circunstancias: le traspasaron un legado de la segunda clase y le tocó un abuelo como Arnoldo. En eso pensó en marzo del 2006, cuando Arnoldo, más que coherente, destinó su último domingo a oír un partido por la radio, tan de Boca como desde el principio y tan de Boca como cada uno de sus nietos. Y en eso pensó, también, unos días después, cuando Arnoldo se fue, querido hasta todo y por todos, envuelto en una bandera azul y amarilla.

Lo debe haber pensado, de nuevo, durante estas semanas, al transcurrir el cumpleaños noventa de una gira imborrable, o en el instante en el que Violeta, su hija de un año, la bisnieta del gran Arnoldo, la heredera del gran Hugo Marini, acarició por primera vez aquella vieja medalla. Es una chiquita de belleza cósmica y la espera un porvenir hermoso. Por si fuera poco, tiene una garantía: ya sabe que la vida brilla.