sábado, 3 de marzo de 2018

Los fantasmas del banderín del corner



Desde Turín a Montevideo, son muchos los escenarios deportivos que pese a desaparecer dejaron una fuerte marca, entre histórica y nostálgica.

Por Luis Prats, socio del CIHF.

Como los hinchas que los habitan, también los estadios nacen, desarrollan su vida con triunfos, derrotas, ídolos y recuerdos, y algún día desaparecen. Le pasó a grandes recintos y le puede pasar a los más modestos y barriales, como el Parque Capurro de Fénix —su ubicación es requerida para un proyecto municipal en la zona— o el estadio Víctor Della Valle de El Tanque, cuya concesión puede ser revocada. Se van dejando una estela de nostalgia, que en algunos casos es tan fuerte que los convierte en símbolos y hasta en fantasmas que no terminan de abandonar la memoria de los aficionados.

El Gasómetro 

Para San Lorenzo de Almagro, la pérdida de su viejo estadio apodado El Gasómetro fue el instante más trágico de una era problemática. Acuciado por las deudas y jaqueado por una presunta normativa municipal que obligaba a abrir calles en el terreno ocupado por el estadio en el barrio de Boedo, debió abandonarlo en 1979. Casi enseguida, el equipo descendió: fue el primer club grande argentino en bajar a la “B”. Para colmo, al final allí no se trazaron calles, sino que se instaló el supermercado Carrefour. La peripecia fue relatada con tristeza por el escritor Osvaldo Soriano —fanático de San Lorenzo— y cantada con sangrienta ironía por las hinchadas rivales.

Se lo llamó Gasómetro por alguna similitud de su estructura con una planta de gas: estaba construido con un armazón metálico que sostenía tablones de madera donde se sentaban o se paraban los hinchas. Un pequeño sector de esas tribunas fue salvado por José Sanfilippo, ex goleador sanlorencista —también defendió a Nacional—, que lo instaló luego en su quinta.

Conocido como “el Wembley porteño”, por muchos años fue un escenario muy utilizado incluso en partidos internacionales por su ubicación relativamente céntrica. Además, la proximidad del público con los jugadores le daba un clima muy especial.

A fines del siglo XX, el club construyó un nuevo estadio en otra zona de Buenos Aires y volvió a salir campeón, pero nada hizo olvidar al Gasómetro. Un grupo de historiadores estudió planos y viejas fotos y armó una maqueta que reproduce a la perfección cada detalle del estadio y se exhibe en la Casa del Vitalicio de San Lorenzo. En tanto, un movimiento de hinchas pretende hacer regresar al club a Boedo y logró que la Legislatura porteña aprobara una “ley de reparación histórica”, que restituyó al club un sector del predio, aunque sobre la mayor parte de la vieja cancha ahora haya góndolas y carritos.

Las ruinas de Filadelfia 

Los hinchas del Torino son los más sufridos del fútbol italiano. La menor de sus desgracias es compartir la ciudad de Turín con el poderoso Juventus. Hubo algo peor en su historia: en la década de 1940 tenían al que seguramente fue el mejor equipo italiano de todos los tiempos, que se cansó de conquistar títulos pero desapareció íntegramente un día de 1949, cuando regresaba de un amistoso en Lisboa y su avión se estrelló en la colina de Superga, vecina a Turín. Fue un golpe terrible, del cual el club prácticamente nunca se recuperó.

Aquel fabuloso equipo jugaba en el Stadio Filadelfia, así llamado por la calle donde se ubicaba. Por años el club siguió actuando allí, aunque después prefirió los más estadios Comunale o Delle Alpi. Las tribunas del Filadelfia comenzaron a sentir el paso del tiempo y nunca hubo dinero suficiente para mantenerlas o restaurarlas. Hace poco, con la intención de reconstruir el recinto, empezaron a tirarlo abajo, pero los proyectos naufragaron entre la burocracia y los altos costos. Y tampoco se completó la demolición, por lo cual los restos de las tribunas salpican el paisaje como si se tratara de vestigios de una antigua civilización.

El campo de juego sobrevive, y allí se han realizado partidos benéficos, a la espera de la soñada reconstrucción. En Youtube puede observarse un video filmado por un tifoso del Torino en el Filadelfia del presente. La cámara recorre las ruinas y cada tanto funde en esas imágenes viejas tomas en blanco y negro de la hinchada festejando o los futbolistas fallecidos en Superga asomando por ese mismo túnel hoy cubierto de yuyos y escombros. El corto seguramente estruja el corazón de una hinchada que todavía llora a sus ídolos.

Peñarol en Pocitos 

En este caso, la nostalgia es moderna. Cuando Peñarol abandonó su estadio de Pocitos, a comienzos de los ’30, nadie derramó una lágrima por el pequeño escenario de madera, pues a escasa distancia se asomaba, flamante y majestuoso, el Estadio Centenario.

Peñarol había llegado hasta allí en 1921, cuando la empresa de tranvías La Comercial le ofreció un amplio descampado a los fondos de su estación, en la calle Gabriel Pereira. Y fue el reducto de los aurinegros durante una década difícil, en la cual el club tuvo que abandonar la Asociación Uruguaya de Fútbol y formar su propia liga. Sin embargo, por allí pasaron rivales de renombre, como Barcelona de España y Chelsea de Inglaterra, y se jugaron partidos por el Mundial de 1930.

El estadio desapareció y sobre el predio se abrieron calles y se construyeron edificios. Pero en tiempos recientes se revalorizó su historia, sobre todo cuando se destacó que en aquella cancha el francés Lucient Laurent había convertido el primer gol de todos los mundiales. Hace un par de años, el arquitecto Enrique Benech dirigió una investigación para determinar en qué arco del partido Francia-México se había marcado aquel gol, hasta concluir que había sido en el arco norte. De paso, se estableció la ubicación exacta de cada instalación del estadio.

Además, se organizó un concurso de esculturas que ganó el arquitecto Eduardo Di Mauro para colocarlas en el sitio exacto del gol y de la mitad de la cancha, en las inmediaciones de las calles Coronel Alegre y Charrúa. Algunos testigos sobrevivientes del primer partido de la Copa del Mundo fueron invitados a la ceremonia inaugural. Los ecos del festejo de aquel gol ya no se escuchan, los futbolistas franceses y mexicanos se marcharon para siempre, pero en esas memorias privilegiadas las imágenes perduran, como fantasmas que siguen dando vueltas al banderín del corner.


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