sábado, 23 de julio de 2016

¿Sudamericano de Primera B?

Nos cuenta Raúl H. Ramírez (socio del CIHF) sobre el Sudamericano de Ascenso de 1962.
 
Aunque cada tanto se armaron (y se siguen armando) selecciones de divisiones de Ascenso para disputar torneos y partidos amistosos, la organización de certámenes continentales es altamente infrecuente. En los primeros años de la década del 60 hubo en Sudamérica un intento concreto de darle continuidad a este tipo de competencias, y con el apoyo de las más importantes asociaciones de la Conmebol (a la que entonces se nombraba con las siglas CSF de la Confederación Sudamericana de Fútbol) se disputaron dos campeonatos, en 1962 en Lima y en 1964 en Buenos Aires. Los extraemos del olvido para evocar nombres y circunstancias. 


 
Vemos el primero, Lima 1962
Montada entre enero y febrero de ese año, en pleno receso estival se efectuó la competencia, que suele ser recordada en nuestro país por la gente de Nueva Chicago, ya que la representación argentina fue encomendada a su plantel completo, al que se sumaron 4 refuerzos. La solución imaginada por los dirigentes de nuestro fútbol no fue demasiado original: los dueños de casa armaron su representación sobre la base del club K.D.T., campeón de ascenso 1961, Brasil se hizo representar por Santista, reforzado con jugadores de Portuguesa, ambos clubes cariocas, y Chile estuvo representado por jugadores del club Unión San Felipe. 
En el caso argentino, la elección de Nueva Chicago fue un reconocimiento a la buena campaña del equipo verdinegro en la temporada finalizada, en la que peleó palmo a palmo con Newell’s Old Boys, Quilmes y Banfield en una cerrada definición que en la cancha favoreció a los rosarinos, pero en los estrados del Tribunal de Penas terminó en manos de Quilmes tras un descuento de 10 puntos a Newell´s como castigo por un caso de incentivación. Chicago terminó a un punto de Quilmes igualado con Banfield en su mejor campaña hasta entonces desde la instauración del profesionalismo, y con la delantera más goleadora. Precisamente el ataque era el punto fuerte de este equipo con nombres como los de Julio San Lorenzo, Dacquarti y Calandra que marcaron una época en el fútbol de ascenso. 
El plantel argentino, dirigido técnicamente por Manuel Giúdice (que pocos años después llevó a Independiente a la conquista de América) estaba integrado por los jugadores de Nueva Chicago Obdulio Amable Onetto, José Leónidas Juárez, Roberto Silvano Pleitavino, José César Molinari, José Zárate, Juan Carlos Vázquez, Arturo López (paraguayo), Héctor Alberto Fernández, Alberto Dacquarti, Norberto Calandria, Julio San Lorenzo, Juan Carlos Salomón y Alberto Horacio González. Los refuerzos eran Juan Carlos Aguilar de Excursionistas, Adalberto Horacio Marchessi de Newell´s Old Boys, Heber Pérez de Sarmiento de Junín y Juan Carlos Vigo de El Porvenir.
En el verano limeño la concurrencia fue en principio interesante, pero la mala campaña del equipo local hizo mermar la cantidad de público a medida que avanzó el certamen, sin que las actuaciones de los favoritos mejoraran mucho el panorama. El saldo del certamen, a nivel de aceptación del público fue finalmente discreta y los espectáculos, sin calidad, tuvieron emoción. 
La previsible superioridad de argentinos y brasileños se vio confirmada en la tabla final, pero encontrando ambos seria resistencia de sus rivales en todos los partidos. Tras dos sufridas victorias iniciales para cada equipo, se enfrentaron entre si igualando en dura lucha. Cuando se preveía un desempate, en la última jornada Argentina perdió inesperadamente un punto ante Chile y como Brasil batió a Perú, se coronó. 
Las optimistas previsiones del técnico brasileño, augurando que de ese certamen saldrían futuras figuras del fútbol sudamericano no se cumplieron.

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